La fundación abismal del Da-sein en el paraje del instante

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Date
2017-06
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Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
Abstract
Desde principios de los años veinte del siglo pasado el filósofo Martin Heidegger, andando ya el camino que lo guiaría hacia la ontología fundamental que desplegaría en Sein und Zeit, planteaba la necesidad de apartarse de los conceptos de hombre que habían hecho carrera en la tradición filosófica, pues sólo de esta manera se podría, desde una hermenéutica fenomenológica, “practicar una reflexión filosófica radical sobre el ser del hombre” (GA 63, 1988, p.29 / 1999, p.49), tal como lo afirma el filósofo en su curso de 1923 Ontologie (Hermeneutik der Faktizität). En este camino había que tomar distancia del hombre entendido como “ser vivo dotado de razón” tal como terminó comprendiéndose la sentencia aristotélica ζῷον λόγον ἔχον, a pesar de que el sustantivo λόγον, perteneciente al verbo λέγειν, debe entenderse mejor como habla y no como razón, como bien lo aclara Heidegger en el curso señalado (Cf. GA 63, 1988, p.21 / 1999, p.42). Por esto también había que alejarse de la compresión del hombre como persona, compresión que tuvo como representante principal a Boecio quien a principios de la edad media, en “De persona et duabus naturis”, c. ii, indicaba que la persona es “Naturæ rationalis individua substantia”, una “substancia individual de naturaleza racional”, reafirmando así para el hombre la característica de animal rationale. Luego, como heredera de la tradición, la Modernidad terminó caracterizando al hombre, su existencia misma, como resultado de la cogitatio. De esta manera el hombre es instaurado en la filosofía moderna, gracias a Descartes, como yoidad, como un ego cogito.
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